Con gimnasio, ciudad, entrenamiento en San Jerónimo, Semana Santa de fondo y una noche que terminó bastante más arriba de lo previsto, el paso por Sevilla combinó preparación, recorrido y buena locura de gira.
Después de Portugal, la gira cruzó a España y tuvo en Sevilla su primera parada. La llegada encontró al grupo con ganas de seguir viaje, acomodarse un poco y empezar a entender rápido de qué iba la ciudad. El hotel ayudó bastante: era cómodo, grande y permitió caer bien parados antes de seguir con la rutina. Porque ni bien se bajaron los bolsos, tocó gimnasio en tres turnos: primero Primera e Intermedia, después Preintermedia y más tarde lesionados. Una organización bastante prolija para un grupo que, fuera del cronograma, venía manejándose con niveles variables de precisión.
Cumplida la parte física, Sevilla empezó a hacer lo suyo. Hubo tiempo libre para salir a recorrer, comer bien y empezar a meterse en el ritmo de una ciudad que realmente tiene mucho para ofrecer. Aparecieron los clásicos, las vueltas por el centro, la Plaza de España, el casco viejo y varias horas arriba de bicis eléctricas y monopatines, una herramienta muy útil para pasear y una idea bastante menos brillante cuando se mezcla entusiasmo, tránsito y exceso de confianza.
Además, tocó llegar en plena Semana Santa, así que Sevilla estaba completamente tomada por las procesiones, las marchas y ese clima tan particular que transforma la ciudad. Había movimiento todo el tiempo, calles llenas, recorridos cortados y una atmósfera especial que hacía que siempre estuviera pasando algo. Más que visitar Sevilla, fue meterse en una versión muy intensa de Sevilla, con toda su tradición en la calle y el grupo tratando de entender, mirar y no perderse demasiado en el intento.
En lo deportivo, también hubo espacio para seguir afinando cosas. Uno de los entrenamientos fue en San Jerónimo Rugby, donde se trabajaron formaciones fijas, secuencias de forwards y algunas jugadas compuestas entre backs y forwards. También sirvió para hablar un poco de la dinámica de la gira, ajustar detalles y empezar a poner la cabeza en lo que venía: el partido en Madrid ante la M20 de España, un rival exigente que se estaba preparando para un Mundial. O sea, ya no era solo pasear lindo: también había que seguir poniéndose serios de a ratos.
De noche, Sevilla también cumplió. Hubo salidas, bares y recorridas varias, pero una de las mejores quedó marcada en Terraza Alfonso. Ahí se armó una mesa enorme, de unas 50 personas, y lo que arrancó como reunión numerosa terminó derivando en bar, boliche y noche de baile, en una de esas escalas que una gira siempre agradece. No hizo falta cenar ahí para que la noche quedara entre las buenas: alcanzó con el lugar, el grupo y una saludable falta de vocación por volver temprano.
La comida, igual, jugó su partido en otros momentos. Sevilla fue dejando grandes señales también por ese lado, entre tapeos, platos bien resueltos y esa costumbre local de hacer que comer sea siempre bastante más que cumplir con una necesidad básica. Entre eso, las vueltas por la ciudad, los entrenamientos y la noche, la escala terminó teniendo de todo.
El balance fue clarísimo. Sevilla aportó preparación, contexto, calle, tradición, muy buenos planes y una cuota de locura bastante bien administrada. Fue una parada ideal para seguir consolidando al grupo, disfrutar una ciudad espectacular y llegar con mejor rodaje a una de las citas más exigentes de la gira.











